Espacio perdido. (1994-1996)
1. Las ideas, como el cristal, son un interrogante a incierta distancia.
La reversibilidad del cristal —interior/exterior, presencia y ausencia—
provoca la ilusión de un recorrido, un desvarío a la mirada. Nos descubre
el espacio como una dimensión interior. Este interior es la única
referencia de que disponemos en la relación con el mundo, en «duda
establecida»; y el exterior como «inferencia».
En el mundo que se abre a nosotros, intenso y extendido, se despliega el
Conocimiento. Lo sabido aflora a la consciencia y se extiende fuera de
nosotros. En ese momento sabemos que siempre hemos sido y que siempre
estuvo allí.
Soy el viajero sorprendido, en constante despertar. La realidad no existe
sino la emoción que nos despiertan las cosas.
Por eso, la vivencia artística tiene algo de inevitable. La elección se da
en el encuentro de ese «insoslayable», que también ocurre en cada obra. Es
una relación de ida y vuelta, de autor que se despliega y la obra que te
descubre. La obra artística es un hecho anticipado.
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